Durante décadas, la política quedó atrapada en una dinámica estéril. La derecha concentra recursos en el capital y la izquierda intenta contrapesarlos desde el poder del Estado. Pero como ese poder no crea riqueza, muchas veces termina degenerando en corrupción, clientelismo o confrontación social.
Así se alimenta un círculo vicioso: la derecha acusa a la izquierda de
corrupción y la izquierda responde con agitación social. Mientras tanto, los
trabajadores siguen siendo dependientes de decisiones ajenas. Con ese método
nunca desaparecerá el lacayismo económico.
La verdadera solución es mucho más simple y nunca fue intentada: transformar el
impuesto a las ganancias de las empresas en participación directa en las ganancias
para todo su personal. Cuando los trabajadores participan de las ganancias
reales de la empresa donde trabajan, dejan de ser lacayos del salario fijo y se
convierten en socios del proceso productivo.
Eso es la Cuarta Postura. No es necesario robar desde el Estado ni enfrentar a
empresarios y trabajadores.
La Cuarta Postura propone conciliar los objetivos de la derecha, de la
izquierda y de la doctrina social en un mismo mecanismo.
Las tres posturas anteriores fracasaron porque nunca cuestionaron el mismo
punto: el destino del impuesto a las ganancias de las empresas. Ese impuesto
existe desde hace más de un siglo y nadie se preguntó algo elemental: ¿por qué
el excedente generado por el trabajo y la empresa debe terminar en el Estado y
no en quienes lo produjeron?
La Cuarta Postura se atreve a hacer esa pregunta. Y por eso es una propuesta
verdaderamente inédita.