El Abismo que Nos Acecha!
El ser humano no es un animal más. Lo que nos distingue del resto de las especies no es la inteligencia abstracta ni el lenguaje, sino una sola cosa: generamos excedente. Producimos más de lo que consumimos. Invertimos, arriesgamos, multiplicamos. Ese impulso no es avaricia; es el software divino que no comimos del árbol del conocimiento del bien y del mal, en el centro del jardín. No comerlo sino invertirlo nos separó de la obediencia ciega y nos hizo co-creadores: capaces de decidir, de prever, de enriquecer la Creación. Jesús lo dijo crudamente en la parábola de los talentos: al que multiplica se le da más; al que entierra por miedo o pereza, se le quita hasta lo que tiene. No es una metáfora suave sobre dones espirituales. Habla de dinero, de negociación, de intereses, de lucro productivo. El siervo improductivo no es castigado por maldad, sino por no generar excedente. El mensaje es brutal y claro: multiplica o perece. Hoy, la humanidad se está comiendo ese fruto en modo parásito. En vez de multiplicarlo para prosperar, lo devora en consumo neto negativo. Los gobiernos protegen al que consume más de lo que produce: subsidian la vagancia crónica, financian burocracias que simulan producir, y castigan con impuestos al que genera riqueza. El trabajador productivo financia al vago institucionalizado. El excedente —ese rasgo sagrado de la especie— se diluye en clientelismo y deuda, en vez de volver a quienes lo crean. Estamos al borde del abismo: la gente pierde las ganas de trabajar porque, aunque produce, no cobra la diferencia. Nadie da todo si el plus va a un tercero ajeno. La economía se apaga. Las tres posturas tradicionales (izquierda redistributiva, derecha concentradora, doctrina social paternalista) nos mantienen en trincheras empobrecedoras. Pero hay una salida: la Cuarta Postura. No destruye; concilia. No es ideología; es sinergia. El empresario elige: seguir entregando un tercio de las ganancias al Estado (que las diluye en intermediarios improductivos), o redirigir ese mismo dinero directamente a su personal, como participación real en el excedente que juntos generan. Es constitucional (artículo 14 bis: participación en las ganancias), pragmático (incentivo fiscal voluntario: eximición si se transfiere equivalente), y transformador: el trabajador deja de ser costo y pasa a ser aliado; co-invierte porque co-produce. La empresa multiplica rentabilidad. El Estado pierde recaudación inmediata, pero gana crecimiento (más IVA, menos gasto social). La sociedad despierta la riqueza dormida. No repartimos pobreza. Despertamos el potencial humano. No quitamos al capital; lo alineamos con el trabajo contra el intermediario parasitario. Dios (o la evolución) nos dio la herramienta. El árbol nos hizo decisores y multiplicadores. La parábola nos advirtió: multiplica o llora. Estamos a tiempo de elegir la multiplicación. ¿Seguiremos comiendo el fruto en autofagia? ¿O lo usaremos para enriquecer el jardín? La Cuarta Postura no es utopía. Es lógica. Es el paso que la Argentina —y la humanidad— necesita dar antes del rechinar de dientes colectivo. ¿Qué decidiremos?Este blog revisa la doctrina social en vigencia y propone la Ley de la SINERGIA, el cambio que necesita nuestra sociedad orientado hacia una Cuarta Postura, hacia la filosofía de la libertad, también denominada la simbiosis productiva de capital y trabajo. Cuestiona la doctrina asistencialista que es una especie de dogma artificial, y propone la Doctrina de la Ganancia, inspirada en la parábola de los talentos. Ing. Néstor González Loza Argentina WhatsApp +54 9 280 4715195
lunes, 23 de marzo de 2026
lunes, 16 de marzo de 2026
La trampa histórica entre izquierda y derecha
Durante décadas, la política quedó atrapada en una dinámica estéril. La derecha concentra recursos en el capital y la izquierda intenta contrapesarlos desde el poder del Estado. Pero como ese poder no crea riqueza, muchas veces termina degenerando en corrupción, clientelismo o confrontación social.
Así se alimenta un círculo vicioso: la derecha acusa a la izquierda de
corrupción y la izquierda responde con agitación social. Mientras tanto, los
trabajadores siguen siendo dependientes de decisiones ajenas. Con ese método
nunca desaparecerá el lacayismo económico.
La verdadera solución es mucho más simple y nunca fue intentada: transformar el
impuesto a las ganancias de las empresas en participación directa en las ganancias
para todo su personal. Cuando los trabajadores participan de las ganancias
reales de la empresa donde trabajan, dejan de ser lacayos del salario fijo y se
convierten en socios del proceso productivo.
Eso es la Cuarta Postura. No es necesario robar desde el Estado ni enfrentar a
empresarios y trabajadores.
La Cuarta Postura propone conciliar los objetivos de la derecha, de la
izquierda y de la doctrina social en un mismo mecanismo.
Las tres posturas anteriores fracasaron porque nunca cuestionaron el mismo
punto: el destino del impuesto a las ganancias de las empresas. Ese impuesto
existe desde hace más de un siglo y nadie se preguntó algo elemental: ¿por qué
el excedente generado por el trabajo y la empresa debe terminar en el Estado y
no en quienes lo produjeron?
La Cuarta Postura se atreve a hacer esa pregunta. Y por eso es una propuesta
verdaderamente inédita.
El abismo que nos acecha
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La tercera parte de las ganancias de las empresas ya no será para el Estado que las ahoga, sino para el personal que las eleva. Y será tomad...
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