sábado, 22 de febrero de 2020

Carta Abierta a Francisco

Estimado papa Francisco:
El ser humano ha venido mejorando las herramientas para producir más y mejor, pero ese proceso fue degradando su condición humana.
Para recuperarla a pleno, n
ecesitamos nuevas relaciones laborales.

Las actuales relaciones laborales abaten a los esforzados y envalentonan a los indolentes y eso ha sido letal para las economías actuales.  Pero hay una forma de duplicar la rentabilidad de todas las empresas y que su personal prospere como nunca antes! Que empleadores y empleados remen para el mismo lado!
Todo comenzó a mediados del siglo XX cuando empleadores y empleados vivían un conflicto a muerte. Se disputaban la hija de ambos: la ganancia de las empresas!

Fue entonces que para resolver el tema y para además quitarles protagonismo a las ideologías políticas que embanderaban a ambos lados (el capitalismo y el socialismo) apareció la tercera postura: La doctrina social de la iglesia.
¿Y cómo logró ambos propósitos?:
Partió al medio a la criatura en disputa, y se quedó con la parte de los empleados para que la administrara el Estado!
Desde ese momento los asalariados dejaron de luchar por sus acreencias confiados en que el Estado actuaría solidariamente con su dinero.

Por eso inventaron eso de los "derechos humanos" para que ningún gobernante de turno pudiera aprovecharse de la fragilidad en que habían quedado los trabajadores!

Porque se les siguió remunerando por lo que necesitaban y no por lo que hacían.
Y eso resultó altamente desalentador y ahí comienza la degradación de todo el sistema económico social!
Por ello, y para aprovechar lo logrado por la doctrina social de la iglesia, es necesario dar el siguiente paso: La Cuarta Postura. 
Y el único que puede lograrlo es el papa porque la mayoría de la sociedad lo considera el único capaz de reformas laborales y tributarias sin que se desestabilice el gobierno. Incluso puede administrar el nuevo sistema
Hay que interpretar cabalmente las enseñanzas de los evangelios económicos como la parábola de los talentos!
Toda empresa está constituida por capital y personal y para generar ganancias necesita el concurso de ambos, proporcionalmente a sus respectivos costos. Si la empresa es puro capital, es éste el mayor responsable en las ganancias, y viceversa. Por lo general, el capital tiene un costo anual (incluyendo interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos) que duplica al costo anual de su personal (incluyendo cargas sociales). 
Eso implica que las dos terceras partes de las ganancias conseguidas corresponden al capital puesto en juego. El resto es propiedad exclusiva de su personal. Entonces, la Administración de Impuestos no debe considerar que lo que se tributa por ganancias (que es precisamente un tercio de las ganancias) sea un tributo del empresario sino un tributo no autorizado del personal de la empresa. Lo que retiene el Estado es un tributo de los empleados de esa empresa, no de su empleador porque es el dinero con que la empresa contaba para participarle ganancias a su personal, como lo consagra la Constitución Nacional. Entonces el Estado no debe asignarlo a Rentas Generales. Lo recaudado debe ser transferido anualmente al personal propio y de terceros de esa empresa, en un acto de estricta justicia.
El 5% de lo que se pague como participación en las ganancias será para el sindicato correspondiente.

Y lo que cobre cada empleado será tomado a cuenta de su futura indemnización, con lo cual se potenciará su compromiso con la rentabilidad y además aliviará a los empleadores esa obligación tan amenazante.
Obviamente será de adhesión voluntaria para cada empleador y para cada uno de sus empleados.

https://www.bubok.com.ar/libros/192758/Siembra-y-Cosecharas
https://es.scribd.com/doc/14877034/La-Cuarta-Postura


Le saludo con la consideración más distinguida
Ing. Néstor González Loza

miércoles, 19 de febrero de 2020

¿De qué partido político es usted?

Hoy en día los partidos políticos son sólo cuatro en todo el mundo y se diferencian por los cuatro tipos de relaciones laborales que propugnan.
Las actuales relaciones laborales nacieron a mediados del siglo XX cuando empleadores y empleados vivían un conflicto a muerte. Se disputaban la hija de ambos: la ganancia de las empresas!
Fue entonces que para resolver el tema y para además quitarles protagonismo a las ideologías políticas que embanderaban a ambos lados (el capitalismo y el socialismo) apareció la tercera postura: La doctrina social de la iglesia.
¿Y cómo logró ambos propósitos?
¿Cómo logró que todos los partidos políticos actuales sólo tengan pequeñas diferencias entre sí y que ninguno sepa cómo sigue la película?:

Partió al medio a la criatura en disputa, y se quedó con la parte de los empleados para que la administrara el Estado!
Desde ese momento los asalariados dejaron de luchar por sus acreencias confiados en que el Estado actuaría solidariamente con su dinero.
Pero se les siguió remunerando por lo que necesitaban y no por lo que hacían.
Y eso resultó altamente desalentador y ahí comienza la degradación de todo el sistema económico social!
Por ello, y para aprovechar lo logrado por la doctrina social de la iglesia, es necesario dar el siguiente paso: La Cuarta Postura

Toda empresa está constituida por capital y personal y para generar ganancias necesita el concurso de ambos, proporcionalmente a sus respectivos costos. Si la empresa es puro capital, es éste el mayor responsable en las ganancias, y viceversa. Por lo general, el capital tiene un costo anual (incluyendo interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos) que duplica al costo anual de su personal (incluyendo cargas sociales). 
Eso implica que las dos terceras partes de las ganancias conseguidas corresponden al capital puesto en juego. El resto es propiedad exclusiva de su personal. Entonces, la Administración de Impuestos no debe considerar que lo que se tributa por ganancias (que es precisamente un tercio de las ganancias) sea un tributo del empresario sino un tributo no autorizado del personal de la empresa. Lo que retiene el Estado es un tributo de los empleados de esa empresa, no de su empleador porque es el dinero con que la empresa contaba para participarle ganancias a su personal, como lo consagra la Constitución Nacional. Entonces el Estado no debe asignarlo a Rentas Generales. Lo recaudado debe ser transferido anualmente al personal propio y de terceros de esa empresa, en un acto de estricta justicia.

Y lo que cobre cada empleado será tomado a cuenta de su futura indemnización, con lo cual se potenciará su compromiso con la rentabilidad y además aliviará a los empleadores esa obligación tan amenazante.

miércoles, 22 de enero de 2020

Relaciones Laborales

¿Usted cree que las actuales relaciones laborales incentivan a los empleados a aumentar su productividad?
Las actuales relaciones laborales nacieron a mediados del siglo XX cuando empleadores y empleados vivían un conflicto a muerte. Se disputaban la hija de ambos: la ganancia de las empresas!
Fue entonces que para resolver el tema y para además quitarles protagonismo a las ideologías políticas que embanderaban a ambos lados (el capitalismo y el socialismo) apareció la tercera postura: La doctrina social de la iglesia.
¿Y cómo logró ambos propósitos?

Partió al medio a la criatura en disputa, y se quedó con la parte de los empleados para que la administrara el Estado!
Desde ese momento los asalariados dejaron de luchar por sus acreencias confiados en que el Estado actuaría solidariamente con su dinero.
Pero se les siguió remunerando por lo que necesitaban y no por lo que hacían.
Y eso resultó altamente desalentador y ahí comienza la degradación de todo el sistema económico social!

Por ello, y para aprovechar lo logrado por la doctrina social de la iglesia, es necesario dar el siguiente paso.

Toda empresa está constituida por capital y personal y para generar ganancias necesita el concurso de ambos, proporcionalmente a sus respectivos costos. Si la empresa es puro capital, es éste el mayor responsable en las ganancias, y viceversa. Por lo general, el capital tiene un costo anual (incluyendo interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos) que duplica al costo anual de su personal (incluyendo cargas sociales). 
Eso implica que las dos terceras partes de las ganancias conseguidas corresponden al capital puesto en juego. El resto es propiedad exclusiva de su personal. Entonces, la Administración de Impuestos no debe considerar que lo que se tributa por ganancias (que es precisamente un tercio de las ganancias) sea un tributo del empresario sino un tributo no autorizado del personal de la empresa. Lo que retiene el Estado es un tributo de los empleados de esa empresa, no de su empleador porque es el dinero con que la empresa contaba para participarle ganancias a su personal, como lo consagra la Constitución Nacional. Entonces el Estado no debe asignarlo a Rentas Generales. Lo recaudado debe ser transferido anualmente al personal propio y de terceros de esa empresa, en un acto de estricta justicia.

Y lo que cobre cada empleado será tomado a cuenta de su futura indemnización, con lo cual se potenciará su compromiso con la rentabilidad y además aliviará a los empleadores esa obligación tan amenazante.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Ley de la Sinergia

VISTO
Que el inicio del problema económico se remonta a mediados del siglo XX en que empleadores y empleados se disputaban la hija de ambos (la ganancia), y  entonces la doctrina social de la tercera posición resolvió el conflicto: La partió al medio y se quedó con la parte de los empleados.
Que es posible entonces reducir al mínimo el desempleo mediante una re-asignación del Impuesto a las Ganancias de la 3a Categoría, uno de los impuestos que menos afecta la recaudación.

Que resuelto el desempleo caerán la inseguridad y el gasto social que abaten a la sociedad.
Que la adhesión a esta ley será voluntaria tanto para el empleador como para cada empleado, pero será obligatoria para el Estado.
Que el Art 14 bis de la CN contempla la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.


Y CONSIDERANDO
Que toda empresa está constituida por capital y personal y para generar ganancias necesita el concurso de ambos, proporcionalmente a sus respectivos costos. Si la empresa es puro capital, es éste el mayor responsable en las ganancias, y viceversa. Por lo general, el capital tiene un costo anual (incluyendo interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos) que duplica al costo anual de su personal (incluyendo cargas sociales). Eso implica que las dos terceras partes de las ganancias conseguidas corresponden al capital puesto en juego. El resto es propiedad exclusiva de su personal. Entonces, la Administración de Impuestos no debe considerar que lo que se tributa por ganancias (que es precisamente un tercio de las ganancias) sea un tributo del empresario sino un tributo no autorizado del personal de la empresa. Lo que retiene el Estado es un tributo de los empleados de esa empresa, no de su empleador porque es el dinero con que la empresa contaba para participarle ganancias a su personal, como lo consagra la Constitución Nacional. Entonces el Estado no debe asignarlo a Rentas Generales. Lo recaudado debe ser transferido anualmente al personal propio y de terceros de esa empresa, en un acto de estricta justicia.

Que lo que cobre cada empleado será tomado a cuenta de su futura indemnización, con lo cual se potenciará su compromiso con la rentabilidad y además aliviará a los empleadores esa obligación tan amenazante.

Que si al asalariado se le paga por lo que necesita, pide cada día más. Si se le paga por lo que hace, hará cada día más. Estas nuevas relaciones laborales harán que la actitud del personal duplique su productividad y consecuentemente la rentabilidad de la empresa. Entonces contratar personal no será un riesgo sino un buen negocio para el empresario porque cada nueva persona motorizará mayor rentabilidad. Y eso puede acabar con el desempleo. El desempleo es uno de los mayores gastos del Estado, y una máquina de inseguridad, por lo que se constituye en el principal argumento para la necesidad de esta ley

Que sabemos que nadie en latino-américa modifica legislación tributaria o laboral sin el aval del Vaticano, razón por la cual será muy valioso solicitar un documento de la iglesia que apoyado en las enseñanzas de la parábola de los talentos, anime a las autoridades locales a encarar semejante modificación en las relaciones laborales. Obviamente, este gesto monumental merece que la iglesia sea recompensada con una parte de esos excedentes y con el manejo de la Unidad Ejecutora. Así creemos humildemente poder contribuir a Su valiosa misión evangelizadora. No sólo con los excedentes de nuestro país sino con los de otros países que utilicen esta nueva doctrina social.
           
Que hay un bache de u$s 6 mil millones por un año, pero la rentabilidad del proyecto es grande y puede duplicar el PBI, así que no faltará quien quiera financiarlo.
     
Que se anexa el libro “Siembra, y Cosecharás” que evalúa los antecedentes, la rentabilidad y el impacto que se produciría.

Que la tercera parte de las ganancias de las empresas ya no será para el Estado que las ahoga, sino para el personal que las eleva.

Que el personal de las empresas podrá enviar sugerencias por escrito a la empresa, las que serán respondidas por el empleador, cuya decisión será inapelable.


EL PODER EJECUTIVO PROMULGA CON FUERZA DE LEY


RÉGIMEN DE PARTICIPACIÓN LABORAL EN LAS GANANCIAS DE LAS EMPRESAS (FINANCIADO POR EL ESTADO)

I.- Disposiciones generales del Régimen.

Artículo 1º - Bajo el régimen de esta ley y de las disposiciones reglamentarias que en su consecuencia se dicten, todos los trabajadores propios o tercerizados, empleados u obreros que presten servicios en virtud de un contrato de trabajo en una empresa con fines de lucro, tendrán derecho a una retribución anual el día de su cumpleaños en concepto de participación en las ganancias, sujeta a los resultados del ejercicio económico de la empresa a que pertenecen.

Artículo 2º - La participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas no integra ni sustituye al salario legal o convencional, ni su pago puede compensar o alterar la percepción de otros beneficios u obligaciones a cargo del empleador, tengan o no carácter remuneratorio.
En ningún caso la participación en las ganancias se computará para la determinación de las cargas sociales, montos de indemnización, ni de los aportes y contribuciones con destino a regímenes previsionales o asistenciales, y no tiene incidencia en ningún otro instituto relativo al contrato de trabajo.

Artículo 3º - A los fines de esta ley se considerará ganancia de las empresas a la renta gravable de conformidad con las normas de la legislación impositiva vigente sobre Impuesto a las Ganancias, o las que se establezcan en el futuro sobre los beneficios, utilidades, réditos o ganancias de las empresas.
Sólo estará afectado a la participación laboral el rédito neto, obtenido en cada ejercicio anual, para lo cual se restarán del rédito bruto los gastos necesarios para obtenerlo, mantenerlo y conservarlo cuya deducción admita la legislación impositiva aplicable.

Artículo 4º - La determinación de las ganancias de la empresa de conformidad con la legislación impositiva aplicable estará sujeta a la revisión que surja del ejercicio del control de la Unidad Ejecutora, en las condiciones y modalidades establecidas por la presente ley y su reglamentación.

Artículo 5º - Fíjase el porcentaje a participar de las ganancias netas anuales a la relación entre los costos del personal respecto de los costos fijos totales de la empresa. Se consideran costos fijos de la empresa a la suma de los costos de personal más los costos del capital.
Ése será, de acuerdo a lo normado en el art. 3º de esta Ley, el porcentaje de participación en las ganancias.
El monto que surja, en ningún caso será superior al que actualmente se le confisca en concepto de Impuesto a las Ganancias. Los montos a participar serán depositados por el Estado en las cuentas del personal propio y de terceros de la empresa utilizando los montos que tributó la empresa en concepto de impuesto a las Ganancias.
Los montos cobrados por cada trabajador serán tomados a cuenta de la indemnización que le correspondiese en caso de tener que prescindir de sus servicios sin causa.



II - Unidad Ejecutora Nacional de Participación Laboral en las Ganancias.



Artículo 6º - Créase la Unidad Ejecutora Nacional de Participación Laboral en las Ganancias, que será la autoridad de aplicación de la presente Ley con competencia en todo el territorio de la República Argentina.
Se solicitará a la Iglesia Católica que incorpore esta unidad a su ámbito.



Artículo 7º - y 8º - (Facultades de la Unidad Ejecutora Nacional de Participación Laboral en las Ganancias)



Artículo 9º - Corresponderá al Poder Ejecutivo Nacional adecuar la ley de ministerios, reglamentar las atribuciones, competencias y funciones de la Unidad Ejecutora Nacional de Participación Laboral en las Ganancias para el mejor cumplimiento de los objetivos de esta ley y su aplicación, sin perjuicio de las facultades que las normas de la presente le asignan como ente regulador de la participación.


III.- Excepciones al régimen general.

Artículo 10 – Quedan exceptuadas de los alcances que esta ley establece para distribuir ganancias a su personal:

a) Las fundaciones e instituciones de carácter privado con personería jurídica, que no tengan propósitos de lucro y ejecuten actos de asistencia con fines humanitarios, culturales o científicos y en general todo empleador que no obtenga lucro con la actividad del trabajador.

b) Las empresas de servicios públicos monopólicos (ya sean cooperativas o no),  estarán obligadas a ingresar en sus balances un aporte de su personal cuando el resultado fuese negativo.

Artículo 11 – El derecho a la participación en las ganancias regulado en la presente ley será también aplicable a:
a) Los directores, administradores y gerentes cualquiera fuese su remuneración anual;
b) Los trabajadores contratados por medio de Empresas de Servicios Eventuales autorizadas para funcionar como tales, destinados a la cobertura de necesidades eventuales de empresas usuarias, respecto de las ganancias de éstas.

Artículo 12 – Los trabajadores de temporada adquieren los derechos que esta ley asigna a los trabajadores permanentes. A los efectos previstos en el artículo 14 inc. a) se entenderá trabajado todo el año cuando el trabajador lo hubiera hecho en la temporada o ciclo completo.

Artículo 13 – La ruptura del contrato de trabajo, cualquiera sea la causa, antes del término del ejercicio económico, no priva al trabajador de su derecho a participar en las ganancias de la empresa. En tal supuesto la retribución que le corresponda según el tiempo de servicios cumplidos y las remuneraciones devengadas hasta el momento de la extinción del contrato, se hará efectiva simultáneamente con los demás trabajadores de la empresa.

IV.- Normas para la distribución. Tiempo y forma de pago.

Artículo 14 – Una vez determinada la cantidad total que cada empresa ha de distribuir entre sus trabajadores, el Estado destinará para ello los fondos retenidos en concepto de Impuesto a las Ganancias de la 3a Categoría. Su importe se prorrateará entre todo el personal propio y de terceros de la empresa con arreglo a sus respectivas remuneraciones y a la relación de días trabajados.
La determinación del monto y modalidad de distribución de ganancias, deberá efectuarse dentro de los 30 días posteriores a la fecha de vencimiento para la presentación de la declaración anual de impuestos a las ganancias.

Artículo 15 - A los fines del cómputo de días trabajados, se considerará como tales a los días efectivamente laborados y a todos los períodos de licencias legales o convencionales que no tengan por causa la culpa o voluntad del trabajador.
A los efectos de la distribución de utilidades, las remuneraciones a considerar en cada periodo sólo comprenden las cantidades que el trabajador reciba en dinero.

Artículo 16 – El pago a los trabajadores del importe que les corresponda por participación en las ganancias, deberá efectuarse en la fecha de su cumpleaños a partir de los sesenta (60) días siguientes a la fecha de vencimiento para la presentación de la declaración anual de impuestos a las ganancias.
Cuando mediaren observaciones a las cantidades que la empresa haya denunciado como ganancia del período y se aumentare posteriormente el monto a distribuir, se efectuara un reparto adicional una vez determinada definitivamente la diferencia a abonar. En tal supuesto la retribución adicional que corresponda a cada trabajador será incrementada en un 50% y devengará el interés compensatorio que fije el Consejo Nacional de Participación Laboral en las Ganancias.

Artículo 17 – Las cantidades que correspondan a los trabajadores en concepto de participación en las ganancias quedan protegidas por las normas generales que la legislación laboral vigente establece sobre la tutela y pago de salarios y sometidas al mismo régimen de pago.

V. Procedimiento

Articulo 18 – El empleador no tendrá obligación, a los fines de esta ley, de informar a la Unidad Ejecutora más que lo informado a la AFIP. Sin embargo deberá completar los datos para conocer los costos de su capital y de su personal.

Artículo 19 – Las existencia de impugnaciones deducidas por la Unidad Ejecutora a la determinación de ganancias o a su distribución, no exime a la empresa de la efectivización del pago de la que hubiere determinado dentro del plazo previsto en el artículo 16º de esta Ley.

VI.- Exención impositiva

Artículo 20 – Las cantidades percibidas por los trabajadores en concepto de participación en las ganancias estarán eximidas del pago de cualquier tipo de impuesto.

VIII - Disposiciones complementarias

Artículo 21 – Esta ley es de orden público. Consecuentemente, será nulo y sin valor todo pacto o convención de partes, anterior o posterior a la entrada en vigencia de la presente ley, que suprima o reduzca los derechos previstos por ésta y quedan derogadas todas las disposiciones en contrario.
Las convenciones colectivas de trabajo debidamente homologadas que contengan normas más favorables a los trabajadores serán válidas y de aplicación.

Artículo 22. – Sin perjuicio de las sanciones que pudieran corresponder por otras leyes, el falseamiento de balances o declaraciones juradas de ganancias serán sancionadas con multas de entre el diez por ciento (10%) y el cien por ciento (100%) del total que debió haberse abonado en concepto de participación en las ganancias. Los importes abonados en concepto de multas serán destinadas a la financiación de un Fondo Solidario administrado por la Unidad Ejecutora.
La autoridad de aplicación de esta Ley graduará prudencialmente la multa teniendo en cuenta los antecedentes del infractor y la naturaleza y gravedad de la infracción constatada.

Artículo 23.- Las acciones que se deriven de los derechos previstos en la presente ley prescriben a los (5) años a partir del vencimiento del plazo para el pago de la participación regulada en esta Ley. Las reclamaciones y controversias que se deduzcan en los términos previstos en esta ley interrumpirán el curso de la prescripción durante su trámite, pero en ningún caso por un lapso inferior a seis (6) meses.

Artículo 24.- El poder ejecutivo deberá reglamentar la presente ley dentro de un plazo de ciento veinte (120) días corridos desde su promulgación.

IX.- Disposiciones Transitorias.

Artículo 25.- La presente ley entrará en vigencia a partir de la adhesión de cada empresa. Se incluyen todos los emprendimientos que tengan personal en relación de dependencia.


Artículo 26.- El régimen de participación en las ganancias creado por la presente ley no será acumulable con los regímenes de participación en las ganancias provenientes de convenios colectivos, acuerdos de empresa, contratos individuales o disposiciones unilaterales del empleador vigentes al momento de promulgación de la presente, los que mantendrán su vigencia en tanto resulten mas favorables que el creado en esta ley. En caso de existir controversias en torno a la determinación del régimen más favorable, éstas serán sometidas a resolución de la Unidad Ejecutora de Participación Laboral en las Ganancias, quien resolverá al respecto en base al criterio de conglobamiento orgánico.


Artículo 27.- El personal de las empresas podrá enviar sugerencias por escrito a la empresa, las que serán respondidas por el empleador, cuya decisión será inapelable.


Artículo 28.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.


Más información:
+54 9 2804715195
nestorgonzalezloza@gmail.com

viernes, 8 de noviembre de 2019

¿Un cable desconectado?

Es preciso resolver la distorsión tributaria causante del desempleo y de la inseguridad que abaten a la sociedad.

Toda empresa está constituida por capital y personal. Y para generar ganancias necesita el concurso de ambos, proporcionalmente a sus respectivos costos.

Si la empresa es puro capital, es éste el mayor responsable en las ganancias. Y viceversa!

Por lo general, el capital tiene un costo anual (incluyendo interés, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos) que duplica al costo anual de su personal (incluyendo cargas sociales)

Eso implica que las dos terceras partes de las ganancias conseguidas corresponden al capital puesto en juego. El resto es propiedad exclusiva de su personal!

Entonces, la Administración de Impuestos no debe considerar que lo que se tributa por ganancias (que es precisamente un tercio de las ganancias) sea un tributo del empresario, ¡es un tributo no autorizado del personal de la empresa!

Lo que retiene el Estado es un tributo de los empleados de esa empresa, no de su empleador!

Porque es el dinero con que la empresa contaba para participarle ganancias a su personal, como lo consagra la Constitución Nacional.

Entonces el Estado no debió asignarlo a Rentas Generales.

Lo recaudado debió ser transferido anualmente al personal propio y de terceros de esa empresa, en un acto de estricta justicia.

Lo que cobre cada empleado podría además ser tomado a cuenta de su futura indemnización, con lo cual se potenciaría su compromiso con la rentabilidad.

Si al asalariado le pagas por lo que necesita, pedirá cada día más. Si le pagas por lo que hace, hará cada día más.

Estas nuevas relaciones laborales harían que la actitud del personal incremente su productividad y consecuentemente la rentabilidad de la empresa.

Entonces contratar personal no sería un riesgo sino un negocio para el empresario porque cada nueva persona motorizaría mayor rentabilidad.

Y disminuiría el desempleo!

El desempleo es uno de los mayores gastos del Estado, y una máquina de inseguridad, por lo que no necesitamos más argumentos para que se acepte esta propuesta!

miércoles, 30 de octubre de 2019

La enfermedad argentina


La Argentina tiene el problema más serio del mundo. Ningún país podría encontrarse en su camino con una dificultad mayor. Las demás naciones pueden tener inconvenientes de distinta índole, pero ninguna de ellas padece el nivel dilema que tienen los argentinos: el país se angustia por lo que prefiere.
No hay drama mayor para una nación. Vivir en permanente frustración por lo que no son otra cosa que las consecuencias de sus preferencias constituyen una encerrona de la cual es muy difícil salir. La Argentina no tiene un problema económico o social o político. Tiene un problema médico; un problema de orden psicológico profundo que le impide resolver lo que no son otra cosa que los efectos de esa causa madre.
Que un país viva en conflicto por lo que son las consecuencias de sus preferencias libres, constituye una dificultad de tal magnitud que, sinceramente, no sé si la cuestión tiene solución.
Pues bien, ¿y cuál es esa maldita preferencia?, ¿qué es lo que los argentinos secretamente prefieren y contra lo que luego se enojan cuando efectivamente esa preferencia se materializa? Esa preferencia no es otra que la pobreza: los argentinos prefieren la pobreza. Por supuesto no van a admitirlo a viva voz. De hecho, viven enojados contra la pobreza. O al menos eso dicen.
Porque lo que en realidad les ocurre en materia de “enojos” es algo bien distinto. Si uno analiza las corrientes que imperan consciente o inconscientemente en el espíritu argentino verá que lo que mayoritariamente sobresale, lo que culturalmente predomina, es una oposición a la riqueza.
En efecto, el argentino está en guerra contra la riqueza. La corriente mayoritaria que emerge desde las entrañas más profundas de la cultura nacional consiste en una resistencia impenetrable contra la riqueza, contra la idea de ser rico.
El Papa Francisco es quien mejor ha expresado la esencia de esa corriente con su frase “la riqueza es el estiércol del diablo”. Quizás no haya un resumen más perfecto de la morfología social que distingue a los argentinos que esas palabras de Bergoglio. La riqueza es un pecado.
Sin embargo, en un retorcimiento que complica aún más el problema, es un determinado tipo de riqueza y un determinado tipo de rico el que el argentino desdeña y por el que siente un profundo asco. La riqueza que los argentinos repugnan es la que se produce como fruto del éxito lícito. Paralelamente entonces al tipo de “rico” que el argentino odia es al que obtuvo su riqueza por la vía del triunfo en la vida laboral legal.
Contrariamente, no se observan condenas firmes contra los que, incluso obscenamente, pavonean la riqueza que hicieron como consecuencia de actividades ilícitas, provengan ellas de la corrupción pública (funcionarios ladrones, sindicalistas mafiosos) o de actividades delictivas “privadas” como los narcotraficantes o los delincuentes comunes.
El prototipo del argentino que es resistido socialmente (“resistido” viene de “resentimiento”) es aquel que tuvo éxito material en la vida por la vía del trabajo lícito. Es ése el que defeca el “estiércol” del diablo”.
Por lo tanto, a ese personaje hay que bajarlo de donde está y, por supuesto, no es un modelo a imitar o a emular sino un arquetipo al que envidiar, maldecir y destruir.
Obviamente la persecución y eventual destrucción de los que generan riqueza hace que no se genere riqueza (es una perogrullada, pero en la Argentina parecería necesario aclararlo) y al no generarse riqueza, se obtiene pobreza.
Parecería que, siguiendo un silogismo normal, los argentinos deberían estar felices porque finalmente consiguieron lo que buscaban: derrotar la riqueza, destruir al rico y materializar la pobreza (que siguiendo, a su vez, el razonamiento del Papa debería ser el estado de gracia más cristalino del ser humano por ser el opuesto al “estiércol del diablo”). Pero no. Cuando llegan a lo que debería ser su éxtasis, estallan en queja y buscan a más ricos a quienes ir a robarles lo que les queda por la vía de entronizar gobiernos que expolian con impuestos confiscatorios la riqueza lícita generada por otros.
Parecería que lo que los argentinos buscan, finalmente, es una pobreza tolerable igualmente distribuida. Es decir una pobreza “hasta ahí”, igual para todos. (Excepto para aquellos “ricos” a los cuales los argentinos no resisten –es decir, no tienen “resentimiento” contra ellos- como los funcionarios corruptos -que dicen que vienen a sacarle a unos lo que ganaron “injustamente” a costa de otros- los sindicalistas mafiosos, los que “encontraron un curro o un yeite” -el típico “vivo” argentino que “le encontró la vuelta”- u otros personajes del submundo ilegal respecto de los cuales el argentino no muestra un nivel de ofensa ostensible)
Como se ve, la profundidad de la enfermedad sociológica del país es de tal dimensión que las dudas sobre su verdadera solución son muy grandes. El nivel de deterioro mental masivo que sufre el país implica un retorcimiento tal de los valores constructivos de la vida pacífica y progresista que uno duda seriamente de que tal extravío tenga vuelta atrás.
El enamoramiento del pobrismo ha llevado a la Argentina a ser una sociedad completamente conflictuada, encerrada en una encrucijada de la que le será muy difícil salir. Vivir en queja por las consecuencias que trae lo que se venera representa un problema de una complejidad tal que las soluciones no vendrán de la aplicación de tal o cual programa económico sino de un proceso de introspección que lleve a cada argentino a darse cuenta del nivel de contradicción en el que vive.
Mientras ese complejo severo no sea removido del alma argentina, el país no tendrá solución. Nadie vivirá mejor, venerando vivir peor. Y si se considera que vivir monacalmente es mejor que vivir en la abundancia, los argentinos deberían renunciar a la abundancia y acostumbrarse a los límites materiales de la vida monacal.
Ahora, recurrir al delito, a la corrupción, al robo o al narcotráfico para producir ilegalmente lo que se niegan a generar bajo el imperio de la ley no hará que el país sea rico. Lo que probablemente surja (o mejor dicho, se consolide) es una nueva nobleza compuesta por mafiosos, funcionarios corruptos, narcos amparados por el poder y revolucionarios de pacotilla que vivirán como reyes. Pero los argentinos honrados se hundirán en la pobreza. En esa misma pobreza que su pontífice tanto les enseñó a reverenciar.

Carlos Mira
The Post Arg

Carta Abierta a Francisco

Estimado papa Francisco: El ser humano ha venido mejorando las herramientas para producir más y mejor, pero ese proceso fue degradando su co...