jueves, 28 de febrero de 2013

¿Cuánto vale tu trabajo?



Para mayor simplicidad, este análisis se hará para un empleado de una fábrica de sillas pero puede generalizarse a cualquier otro empleo, con las adaptaciones convenientes.
Supongamos que la empresa en la que trabajas rigen los siguientes valores:
Cada silla tiene 
$50 de materiales y energía, 
$10 de sueldo del personal y 
$20 de “sueldo” del capital (son los costos que implica disponer del galpón y las máquinas, como mantenimiento, reparaciones y repuestos, seguros, impuestos, amortización y el interés que debe llevarse el dueño de esas cosas).
Si la empresa está en equilibrio, no gana ni pierde. Factura $80 por cada silla.


Pero si un día, a ti y a tus compañeros se les ocurriese producir dos sillas en el tiempo que hacen una y con las mismas máquinas, tu trabajo valdría un poco más.
El costo de
energía y materiales durante ese lapso  pasaría de $50 a $100. Pero se podrían vender dos sillas. Se facturarían $160.
Pero, como los costos de capital y personal serían los mismos $30, la ganancia de la empresa serían otros $30
Eso implica que tu decisión de esforzarte un poco más y desarrollar tu creatividad hizo aumentar el valor de tu trabajo. Si bien los costos de mantenimiento, amortización aumentan al doble, el dueño del capital puede cobrar el doble de interés y puede ahorrarse los costos de seguros e impuestos, porque se pagarían con la ganancia.
Pero obviamente tu trabajo ya no vale $10 sino $20.

¿Por qué nunca se te ocurre trabajar más de lo necesario?
Muy simple, porque de los $30 de ganancia, el Estado en su intención de “redistribuir” la riqueza mediante  esta “solidaridad obligatoria” confisca tus $10 como Impuesto a las Ganancias de "tu" empresa.
Pero si modificáramos las relaciones laborales, si el Estado depositara esos $10 en tu caja de ahorros, se te ocurriría más a menudo compatibilizar tus objetivos con los de tu empresa. Y se compatibilizarían los objetivos de empleador y empleado, lo cual haría que contratar personal deje de ser un peligro y vuelva a ser el mejor negocio. En cuestión de meses, se acabaría el desempleo.



Ten siempre presente que otro paga un precio por tu trabajo, pero tú percibes sólo el costo debido a que el Estado se queda con la diferencia.

En la generalidad de las empresas existe actualmente una situación intermedia entre el equilibrio y la doble producción.
El Estado, en Argentina recauda aproximadamente 60.000 millones anuales en concepto de ese Impuesto a las Ganancias de las Sociedades.
Si ese dinero fuera bien administrado, tú, en lugar de cobrar 13 sueldos por año, podrías cobrar 16 sueldos por año, aún con esta despreocupación por los resultados de tu empresa.
Pero cuando tu actitud se modifique, generarás más sueldos por año, como fruto exclusivamente de tu mayor esfuerzo y creatividad, dinero no se le sacaría a nadie, porque es tuyo.

lunes, 18 de febrero de 2013

La Cuarta Postura




UNA PROPUESTA IMPOSITIVA
·         1- Todo empresario sabe que si su empresa produce menos que lo que consume, se va a la quiebra. Pero también sabe que si produce más que lo que consume, encuentra el ansiado elixir del progreso individual.
Para que exista ese maravilloso par de incentivos “riesgo-placer” no es necesario que haya una ley que los establezca. La economía consiste precisamente en facilitar esos incentivos naturales para que espontáneamente se produzcan más recursos que los consumidos.
Esta propuesta impositiva pretende establecer esos incentivos, pero a todos los niveles de la sociedad.
Mediante una original ley pretende que las familias cuenten con incentivo similar, sin tener que quitarles recursos a las empresas, ni al Estado, y sin que nadie tenga que cambiar de trabajo ni resignar conquista social alguna.
Pretende que el esfuerzo extra y el desarrollo de la creatividad generen los recursos necesarios para que cualquier persona cuente con ese tándem de incentivos.
Casi todas las personas trabajan en algún  emprendimiento productivo motorizado por ese tándem, pero aún no se sienten motivadas.


·         2- Una vez, cierta especie animal comenzó a producir más que lo que consumía, porque quería progresar. Y tuvo así tiempos libres para dedicarlos a las ciencias y a las artes, y pronto surgieron infinidad de cosas novedosas que repotenciaron el proceso.
Sin embargo, no hace mucho tiempo apareció una falla:
Algunas de esas nuevas criaturas, debido a extrañas relaciones laborales, sabiendo que otros podían producir más que lo que consumían, se apoderaron de sus excedentes y dejaron de ser útiles, pues necesitaban de otros para subsistir.
Terminaron por debajo de las demás especies animales, que son todas perfectamente auto-suficientes. Pero además abatieron a los esforzados y envalentonaron a los indolentes, comenzando así un círculo vicioso que se profundiza constantemente.


·         3- Eso nos autoriza a sospechar que es conveniente volver al esquema anterior. Que la principal fuente de felicidad sustentable de cualquier individuo, vuelva a ser la satisfacción de ver el fruto de su propio “árbol”.
El ser humano encuentra mucho placer cuando logra progresar con esfuerzo.
Siente genuino orgullo al ver, por ejemplo, a sus hijos esperando un futuro mejor, como fruto del desarrollo del esfuerzo propio y de su creatividad.
Pero además podemos comprobar que los pocos que cumplen ese cometido tienen más ventura que el resto. Y que  quienes no lo cumplen parecen tener cada vez más desventura, cosa que se transfiere incluso a sus sucesores.


·         4- Bien, esta pequeña introducción era necesaria para enmarcar claramente esta inédita propuesta impositiva, porque es una opción fresca aún no debatida.
Supongamos por un momento que fuera posible un sistema así, donde la mayor recompensa vuelva a ser contemplar los excedentes logrados con esfuerzo propio, pues seguramente la ventura acompañará a todos por igual. La prosperidad sería general.
Hoy hemos llegado a esta etapa en la que parece que el ser humano ha dejado de ser sustentable, y quizás para encontrar la salida se nos exija algo de pensamiento lateral, una revisión profunda de nuestras convicciones, de nuestras doctrinas.




·         5- Desde la revolución industrial, la producción de bienes y servicios comenzó a ser colectiva. Antes, si alguien hacía una silla cobraba por una silla y si hacía dos sillas cobraba por dos sillas.
Pero desde ese momento, el trabajo comenzó a remunerarse sólo al costo, y no al precio. Porque hay un precio que otro paga por el capital y el trabajo insumidos al producir los bienes y servicios transables.
Sabemos que al principio, a esa diferencia se la quedaba el dueño de la empresa.
Pero luego, desde que algunas religiones comenzaron a tratar de reparar esa injusticia, e incursionaron en la economía y en la doctrina social, se instaló como efecto secundario, algo muy extraño y pernicioso:
El Estado, para “re-distribuir” la riqueza comenzó a apoderarse de una parte de las ganancias de las empresas. Y precisamente quizás de la parte que correspondía al personal de las mismas, de esa diferencia entre el precio y el costo del trabajo.
Comenzó a confiscar la tercera parte de las ganancias de todas las empresas; pero no sólo de las grandes sino hasta de las que sólo ocupan un solo empleado.
Es como si una mujer demandara al marido que la echó de la casa y se quedó con el auto del matrimonio. El juez recrimina al marido por su injusticia y le dice: “a usted sólo le corresponde la casa. Pero como su mujer no sabe manejar, me quedo con el auto. Cuando ella lo necesite la llevaré donde me pida”. Obviamente el juez espera determinado ritual. Es la misma aberración que comete el Estado con los empleados de todas las empresas.
Se inició así este colectivismo en las relaciones laborales que considera a la prosperidad casi como pecado. En lugar de resolver la injusticia, la doctrina social la institucionalizó.


·         6- Y la educación pública comenzó también a adoctrinar en ese sentido, con el slogan de la solidaridad “obligatoria”, un oxímoron buscando el bien común.
Hoy podemos suponer que fue un error grave.
Porque lo esencial en toda sociedad sigue siendo que cada integrante produzca más que lo que consume, porque eso lo hace feliz y venturoso y puede servir efectivamente a la sociedad.
No es tan bueno que un hermano me ayude; es mejor que yo vaya a pescar con él.
La felicidad y las ganas de trabajar jamás podrían ser colectivas. La felicidad es algo privativo, íntimo de cada individuo.


·         7- ¿Y qué habría que hacer entonces?
Lo primero que tenemos que hacer es aprovechar esa tercera parte de las ganancias de todas las empresas para poder remunerar el trabajo por su precio y no por su costo.
Debemos utilizar el dinero del Impuesto a las Sociedades para participar a su personal.
Ello hará que por primera vez se vuelvan compatibles los objetivos del personal con los de su empresa, y entonces la rentabilidad de las empresas crecerá, porque… ¡vamos! todos sabemos que los empleados, en general, no se esfuerzan más que lo necesario. Y sabemos además que evalúan boicotear al empleador mediante demandas laborales o sindicales, antes que intentar ser más eficientes y desarrollar creatividad para hacer que el trabajo rinda su máxima potencialidad.



·         8- Pero por sobre todas las cosas, con estas nuevas relaciones laborales lograríamos que contratar personal dejara de ser un peligro, y volviera a ser negocio.
Y que el mejor negocio fuera contratar personal en los pueblos porque estas  empresas con piloto automático, serían las más rentables debido a que allí los costos son menores.
Los recursos del Estado no se verían afectados. Antes bien, el Estado verá aliviado su abultado presupuesto de asistencialismo, porque el desempleo desaparecería en cuestión de meses.


·         9- Esto que proponemos es una “Cuarta Postura”, una opción fresca para salir de esta  ciénaga de la doctrina populista con la que nos hemos visto catequizados desde hace un siglo.
Estamos en condiciones de calcular exactamente el precio del trabajo en cualquier empresa, porque los recursos se generan proporcionalmente a los costos de capital y trabajo, que son bien conocidos.
La podríamos llamar también “Doctrina de los Talentos” porque está inspirada en la “parábola de los talentos” donde Jesús dice claramente “sobre mucho le pondré”, dice que se asignará más responsabilidad y ventura a quienes más rentabilidad obtengan de su esfuerzo propio y del dinero que con ello obtengan sus talentos.

Ing. Néstor González Loza





jueves, 14 de febrero de 2013

El fiasco de la solidaridad "Oligatoria"


Dicen que cuando Dios terminó de crear la última especie animal, su conciencia le dijo: Amigo, si quisieras retirarte a descansar. ¿Existirá ALGO que continúe creando cosas novedosas?
En eso estoy pensando amiga.
A la más linda de las especies animales le voy a poner un chip para que pueda observar el mundo exterior, investigar, buscar causas y efectos y tomar decisiones
como si tuviera libre albedrío, Y que pueda actuar en consecuencia.
Sin embargo me reservaré ciertos comandos. El chip será como árbol pues en última instancia responderá a las raíces que lo ligan a mí, pero tendrá ramas escudriñando el universo para poder conocer y decidir.
Creerá firmemente que tiene una identidad separada de mí y entonces actuará creyendo que todo lo hace para sí. Se llamará “yo” a sí mismo.
Imagínate entonces lo que sucederá: Comenzará a producir más que lo que consuma, para poder progresar. Tendrá tiempos libres para dedicarlos a las ciencias y a las artes, y de allí ¿qué crees que surgirán? Cosas novedosas como las que estuve haciendo hasta ahora.

“Puede no funcionar”, acotó su amiga. “En cuanto sepa que otros pueden producir más que lo que consumen, intentará quitarle algo a los más esforzados y dejará de trabajar. Será igual que cualquiera de las demás especies animales”.

Déjame terminar la idea amiga. Además del chip, haré que la única fuente de felicidad verdadera sea contemplar el fruto de su árbol. Su mayor placer será contemplar por ejemplo cómo, gracias su esfuerzo extra, sus hijos vayan siendo un poco mejor que él.
Pero no sólo eso, a los que cumplan mi cometido les vendrá buena suerte. Y a los que no lo cumplan, les vendrá mala suerte. Y esta suerte será transmitida a sus sucesores. Pero no deben comer ese fruto porque volverán a su status anterior.



Bien, todo esto era sólo una historia ficticia, pero supongamos por un momento que fuera así, supongamos que el mayor placer humano fuese contemplar los excedentes logrados con el esfuerzo propio, y supongamos que la suerte acompañara a los que lo logren.
¿Por qué creen que hemos llegado a una etapa en la que parece que todo funcionara al revés?

Desde la revolución industrial, la producción de bienes y servicios comenzó a ser colectiva. Antes si alguien hacía una silla cobraba por una silla y el que hacía dos sillas cobraba por dos sillas.
Pero desde ese momento, el trabajo se paga sólo al costo, y no al precio que se paga por el capital y por el trabajo que se consumió al producirlo.

Primero a esa diferencia se la quedaba el dueño de la empresa, pero desde que los papas empezaran a meterse en la economía y en la doctrina social, impusieron algo muy extraño: que el Estado se quedara con la parte de las ganancias de las empresas que correspondía al personal de la misma, para “re-distribuir” la riqueza.
Se comenzó a confiscar la tercera parte de las ganancias de las empresas.
Comenzó así el colectivismo también en las relaciones laborales. Y la educación pública también comenzó también a adoctrinar en ese sentido, con el slogan de la solidaridad “obligatoria”.
Pero es un error grave. La ley primera es que cada uno produzca más que lo que consuma, para ser feliz, para tener suerte y para servir efectivamente a la sociedad. No importa tanto que mi hermano me ayude, sino que yo vaya a pescar con él. La fuente de felicidad es algo privativo, e íntimo de cada individuo.

Lo primero que tenemos que hacer entonces es aprovechar esa tercera parte de las ganancias de todas las empresas para remunerar el trabajo por su precio y no por su costo.
Ello hará que se compatibilicen los objetivos del personal con los de su empresa, y entonces la rentabilidad de las empresas crecerá, porque… ¡vamos! Todos sabemos que los empleados no se esfuerzan más que lo necesario y que además su mente está más en boicotear al patrón que en desarrollar su creatividad para hacer que el trabajo rinda en su máxima potencialidad.

Y además, por sobre todas las cosas, contratar personal dejará de ser un peligro, será el mejor negocio. Y más negocio aún será contratar personal de los pueblos chicos porque como las empresas se auto-manejarán, serán más rentables.

Esto que propongo se llama “la Cuarta Postura”, una opción fresca para salir de la ciénaga de la doctrina populista con la que hemos sido catequizados desde hace un siglo.

Se llama también “Doctrina de los Talentos” porque está inspirada en la “parábola de los talentos” en la que Jesús dice que ubicará en puestos de más responsabilidad a quienes
con esfuerzo propio,  hagan rendir más su dinero. Y que les acompañará la suerte.

http://proyectoactitud.com

martes, 5 de febrero de 2013

El Beso del Príncipe

El mundo entero está dominado por ese establishment corporativo que, en connivencia con los poderes públicos, conforma una oligarquía público / privada que tiene cooptado el sistema en su beneficio y bloqueada la energía creativa del país.

Pero el problema de la sociedad de hoy no son esas personas que conforman las corporaciones, no son los empresarios ni son los políticos. Es la doctrina social, las relaciones laborales contra-natura que han hecho que contratar personal sea el peor de los negocios.

La solución no es homeopática. Cuando las mayorías consideran que el veneno que los dejó al borde de la muerte es el remedio para salir, estamos en serios problemas.
La buena noticia es que revertir una idea equivocada se puede lograr en un click.
Una nueva doctrina social puede instalarse inmediatamente y, en cuestión de meses, transformar la historia.

El desempleo es una paradoja, y como toda paradoja, resolverla es muy simple, sólo es cuestión de lograr el pensamiento lateral.

Estamos cautivos de nuestras propias convicciones.
Somos como Quijotes peleando contra enemigos construidos por nuestros propios desequilibrios.
El enemigo que nos ha dejado en el desempleo letal no son personas, son molinos que sólo existen en nuestras mentes, doctrinas con las que hemos sido catequizados prolijamente desde hace un siglo.

La sociedad no tiene problemas, la sociedad está intacta y reaccionará cuando el príncipe la bese.

http://proyectoactitud.com