martes, 17 de junio de 2014

¿Docientos años de prueba y error?

Antes era sencillo. Si alguien hacía una silla, se le pagaba por una silla. Y si hacía dos, se le pagaba por dos.
POSTURA CERO: Más producías, más dinero tenías.

Pero la revolución industrial modificó profundamente las formas de producción. Entonces para que la sociedad no sufriera el golpe, las relaciones laborales fueron una incógnita a resolver.

Entonces, los EMPLEADORES creyeron tener el tino necesario para administrar los excedentes que producían sus empleados, de manera de no hacerles faltar nada y cuidar sus intereses.
Se ensayó así la PRIMERA POSTURA: Más producías, más previsión tenías de tu empleador.

No pasó mucho tiempo para advertir los interminables conflictos que esa "protección" detonaba.
Hubo sublevaciones con la convicción de que las empresas eran el problema y se pretendió asignarle al ESTADO la responsabilidad de la producción industrial.
Se ensayó así la SEGUNDA POSTURA:  Más producías, más homenajes te hacían.

Tampoco pasó mucho tiempo para advertir que sin incentivos, ni el capital ni los empleados producían excedentes para el progreso.
Los filósofos buscaron una doctrina social sabiendo que los excedentes se producían bajo incentivo de los dueños del capital. Hicieron que los empleados fueran protegidos del Estado. Los excedentes de los empleados les serían retenidos. La tercera parte de las ganancias de las empresas serían un Impuesto a las Sociedades.
Se ensayó así la TERCERA POSTURA: Más producías, más "solidaridad" construías.

Hoy advertimos que los incentivos también son necesarios al nivel del trabajo. Los empleados también deben participar de los dividendos de los excedentes de la sociedad para involucrarse como ciudadanos.
El Impuesto a las Sociedades debe asignarse a sus verdaderos dueños: el personal de "esa" empresa.
Ensayemos la CUARTA POSTURA: Volver a las relaciones laborales naturales.
Mas produzcas, más dinero tendrás.

Sólo tú tienes el tino necesario para administrar los excedentes que produces para prosperar.





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