miércoles, 28 de mayo de 2014

A las puertas de la prosperidad

Como consecuencia del autoritarismo económico, hoy estamos viviendo una lenta implosión económica. Parafraseando conceptos de la astrofísica, la situación que vivimos podría incluso conducir a una economía enana blanca: una colosal energía desperdiciada en colapsar y autodestruirse.
Pero también sería capaz de generar la extraordinaria potencia expansiva de las gigantes rojas, las estrellas más grandes del cosmos.

La Argentina cuenta con instituciones democráticas que se perfeccionan día a día a pesar de lo que indicaría una mirada superficial, un sistema financiero sólido según las normas prudenciales más exigentes, reducidos niveles de endeudamiento en dólares, el extraordinario potencial de Vaca Muerta, se espera que los términos de intercambio continúen elevados y el talento y las reservas morales de su gente están intactos; sólo resta aprobar una asignatura: recrear la confianza de los argentinos en su futuro.
Para lograrlo, también la historia nos brinda una lección: en 1891, cuando la crisis tocaba fondo, Roca, Pellegrini y Mitre forjaron un gran acuerdo político y de él nació la Argentina moderna.

Alcanzado el consenso sobre el valor de sostener las instituciones democráticas, es la hora de los consensos económicos. Luego de tantos fracasos económicos estamos listos para alcanzar un verdadero consenso a largo plazo sobre políticas económicas que nos aseguren un desarrollo sustentable. Si ese consenso se alcanzara, las equivocadas políticas económicas del pasado y del presente serán evaluadas del mismo modo que hoy vemos al poder militar que interrumpía una y otra vez la legimidad democrática: como un error del pasado que no volverá a ocurrir.

Un pesimismo inaceptable corroe la confianza de los argentinos en las posibilidades de nuestra patria y convierte el fracaso en una auto profecía cumplida. Por debajo de la acumulación de problemas que paralizan al país, todo está dado para que se inicie un segundo período de formidable crecimiento, comparable con el que produjo la orgullosa Argentina del Centenario.
La historia argentina nos enseña que las puertas de la gran prosperidad se abren una vez cada cien años.

Alejandro Poli Gonzalvo

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