sábado, 22 de junio de 2013

Premiar el Esfuerzo

La ética de la justicia distributiva, que prevaleció como única verdad por medio siglo, sólo ha logrado multiplicar la pobreza y destruir la educación.
El igualitarismo, en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún, por el vago.


Lo que nos falta es un gobierno que defienda la ética de la libertad, del trabajo honrado, la excelencia en la educación, el mérito, y la responsabilidad de utilizar bien nuestros talentos.
Así, crearemos una sociedad sinérgica, donde el camino para destruir la pobreza, sea liberar las fuerzas creativas de las personas que trabajarán duramente para crear riqueza, sabiendo que ninguna ley les robará el fruto de su propio esfuerzo.
Reemplazaremos así la ética de la envidia distribucionista, por una que premie a los héroes emprendedores, innovadores, inventores, y a los que se esfuerzan, y a los que estudian y trabajan duramente
.
 
La diferencia entre el precio y el costo del trabajo es dinero que está circulando, pero que curiosamente no se le acredita a su dueño.
El Impuesto a las GANANCIAS de las empresas es precisamente esa diferencia.
El Estado lo cobra a todos los emprendimientos pero no lo acredita a su dueño, creyendo que su rol es "re-distribuirlo".

Si el Estado prorrateara ese dinero entre el personal propio y de terceros de esa empresa, al empleado le volverían las GANAS de trabajar, y entonces el desempleo desaparecería en cuestión de meses.

No hay mejor negocio que tener personal con objetivos compatibles con los de la empresa.

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