lunes, 8 de julio de 2013

Ganancias para Todos

Mucho perjuicio se le hace a un ciudadano cuando se subsidia su vida, porque se lo transforma en cliente
Alimentos, computadoras, transporte, fútbol, e incluso hasta educación, salud y seguridad,  cuando son gratis, no hacen más que privarlo de sus GANAS de trabajar, que es su única fuente de felicidad sustentable.

La ética de la justicia distributiva, que prevaleció como única verdad por medio siglo, sólo ha logrado multiplicar la pobreza y destruir la educación.
El populismo es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún, por el vago.


Lo que nos falta es un gobierno que defienda la libertad, el trabajo honrado, el mérito, y la responsabilidad de utilizar bien nuestros talentos.
Así, crearemos una sociedad sinérgica, donde el camino para destruir la pobreza, sea liberar las fuerzas creativas de las personas que trabajarán duramente para crear riqueza, sabiendo que ninguna ley les robará el fruto de su propio esfuerzo.
Reemplazaremos así la envidia distribucionista, por una que premie a los héroes emprendedores, innovadores, inventores, y a los que se esfuerzan, y a los que estudian y trabajan duramente
.

La diferencia entre el precio y el costo del trabajo es dinero que está circulando, pero que curiosamente no se le acredita a su dueño.
El Impuesto a las GANANCIAS de las empresas es precisamente esa diferencia.
El Estado lo cobra a todos los emprendimientos pero no lo acredita a su dueño, creyendo que su rol es "re-distribuirlo".

Si el Estado prorrateara ese dinero entre el personal propio y de terceros de esa empresa, al empleado le volverían las GANAS de trabajar, y entonces el desempleo desaparecería en cuestión de meses.

No hay mejor negocio que tener personal con objetivos compatibles con los de la empresa.


Tenemos que modificar las relaciones laborales para que haya GANANCIAS PARA TODOS.






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